EL REGRESO A CLASES

La etapa preescolar es una etapa maravillosa y llena de sorpresas. Los niños en esta edad aprenden muchísimo y les gusta explorar el mundo que los rodea. Es durante esta etapa de desarrollo que los niños comienzan a aprender de manera social. Es decir, los más pequeños aprenden a través de los experimentos. Por ejemplo, si se le da una cuchara a un niño de 1 o 2 años, el comportamiento más típico es que la toca, se la mete a la boca y luego la tira al suelo. Ahora bien, ¿qué pasa cuando la madre recoge y le devuelve la cuchara? Exactamente… el niño la vuelve a tirar.


Aunque el niño de edad preescolar aprende a través de los experimentos, el aprendizaje toma otra forma… una forma social. Aprenden a compartir, imitan lo que ven y buscan la aprobación de las personas que los rodean. Por ejemplo, tan pronto el niño hace algo bueno, enseguida busca a sus padres para contarles. A través de nuestra reacción les dejamos saber si esa conducta es apropiada o no. Es como si nosotros fuéramos un filtro de información para ellos.

El momento de ir a la escuela no es la excepción. Tenemos que reconocer que éste puede convertirse en un momento estresante tanto para el niño como para la madre. Como es de esperarse, los pequeños se sienten nerviosos o asustados en el primer día de clases por todo lo nuevo que van a experimentar: nuevas maestras, nuevos amigos y quizás, hasta una nueva escuela. El miedo, ansiedad e incertidumbre que se siente al comenzar un nuevo año académico puede hacer que la transición sea negativa. La buena noticia es que todos estos sentimientos pueden ser controlados con algunas técnicas sencillas y fáciles de implementar tanto en casa como en la escuela, para disminuir el estrés.


Mantener una dieta saludable y balanceada es muy importante, no sólo para el crecimiento físico, pero también para balancear los niveles de energía.

Tener un horario fijo a la hora de dormir y levantarse ayuda a que el reloj del cuerpo se acostumbre, promoviendo una transición mucho más apropiada al momento de comenzar el día, con la energía y la disponibilidad que se necesita.

Después de unas largas vacaciones, los niños necesitan tiempo para asimilar que la rutina de verano ya va a cambiar. El nuevo horario debe ser establecido e implementado por lo menos dos semanas antes del primer día de clases.

Identificar y establecer una rutina con todos los pasos que se tienen que hacer ayuda a que el nivel de cooperación sea mayor. Por ejemplo,


Cepillarse los dientes

Desayunar

Vestirse

Cepillarse el cabello


De acuerdo con la habilidad del niño, es bueno asignar responsabilidades, especialmente al momento de subir al carro. Por ejemplo, cerrar la puerta de la casa, llevar la mochila, abrocharse el cinturón.

Las despedidas para muchos niños pueden ser muy fuertes. Consistencia es la clave para minimizar el nivel de estrés.

Utiliza una misma frase y/o ritual. Por ejemplo: “se que vas a tener un día maravilloso” o una combinación de chocadas de mano.

Si el niño tiene dificultad al separase de ti, establece un plan de acción donde una maestra siempre lo reciba en el momento de tu partida. De esta manera, el niño entenderá que te fuiste pero está en un lugar seguro y donde es querido.

Comunicación no-verbal – Para que el niño se sienta bien durante esta transición, tú debes sentir lo mismo. En otras palabras, si tú estás tranquila, tu hijo también lo estará.


El regreso a la escuela puede ser estresante para todos. Y hasta en la mayoría de los casos, somos nosotras, las madres, las que sufrimos más que los niños. Mantén la calma y recuerda que tenemos el poder de hacer que esta transición sea más agradable… ¡y que el nuevo año escolar sea algo para celebrar!

Publicado por Jeannette Torres-Álvarez

11/01/12 11:34